Es un pavito encontrado en un estado de abandono y maltrato que nadie merece. No podía levantarse, y tenía todo el cuerpo lleno de heridas de arrastrarse e intentar incorporarse. Yacía entre suciedad y sus desechos, y su destino era morir, siendo consciente de ello, sin comida ni agua, sin poder escapar.

El primer veterinario al que lo llevamos quería eutanasiarlo directamente, sin hacerle ningún tipo de diagnóstico o pruebas, con la excusa de que no eran condiciones para vivir en un pavo.

Sin embargo, esto no nos frenó para seguir buscando soluciones, y le llevamos a Valencia, donde un veterinario se ocupó de él durante una semana, tratando sus patitas, realizando pruebas, hasta conocer el problema.

Wilbur no puede coordinar, debido a un golpe que le dieron en la espalda, lesionándole la última vértebra.

Ahora vive feliz, con su sillita de ruedas, y con más fuerzas cada día, gracias a la rehabilitación y masajes en sus patitas.