Siendo patitos, una persona los adquirió como “juguetes” para su hija, y acabaron enjaulados, con un perro que les ladraba constantemente, y con la posibilidad de que les atacase

Por suerte, un chico llamado Borja consiguió rescatarlos, ofreciéndoles un espacio temporal hasta que encontrase adopción, con más aves con las que poder relacionarse

Ahora viven en el santuario, con una charca, un recinto y caseta para dormir, y la seguridad de que nadie les volverá a hacer daño