La historia de éste pequeño es como la de miles de cabritos que son criados para matar en Navidad

Fue comprado y separado de su madre poco después de nacer, cuando a penas tenía fuerzas para vivir, sin casi tomar calostro, y malnutrido.
Lo criaron en un terreno particular con más bebés como él, y madres a las que les hacían criar una y otra vez.
Sin recibir una palabra amable, una caricia, sólo con las miradas que esconden la muerte tras sus manos.

Cuando llegó al santuario, estaba muy delgado, tenía diarrea y no tomaba biberón. Habían pasado varios días desde que comió, y algunos de sus compañeros murieron de hambre y frío

Luchamos porque saliera adelante, pero Ronnie tampoco nos lo ponía fácil. Tenía una tos terrible de ancianito, y signos de pulmonía. Al no tomar bibe, intentábamos que bebiese de cuencos, pero a los pocos días dejó de hacerlo. Seguía con diarrea, y sólo comía ramitas de alfalfa y heno. 
Se nos ocurrió mezclarle la leche con suero oral sabor a naranja, en una jeringuilla, y a partir de ahí empezó a beber.

Siempre ha sido muy curioso y simpático, se ponía a dos patas para ver fuera de su parque, y no le gusta estar sólo.
Ahora está más fuerte y sano, y juega y disfruta con el resto de peques del santuario

Aun así, se niega a dejar de ser un consentido, y le encanta tumbarse encima nuestra y que le acariciemos bajo el calorcito del sol

Lo curioso del caso de Ronnie, es que se salvó de morir esa noche que lo rescataron de frío, y de ser degollado al día siguiente, pues para quien lo tenía, era el siguiente